Como las cosas son como son, las cosas no pueden quedarse como están

Hace unos días, se ha celebrado el 1 de mayo, fiesta de los trabajadores, en recuerdo de los sucesos acaecidos en Chicago en esa misma fecha, en 1886, durante la huelga general por la consecución de la jornada de 8 horas.

Tradicionalmente ha sido una jornada reivindicativa, donde los sindicatos, organización por excelencia de los trabajadores, demostraban su fuerza con manifestaciones multitudinarias. En España, tras la legalización de los sindicatos de clase en 1977, después del paréntesis de la dictadura, los primeros años fueron ese testimonio general de las ansias de transformación que impregnaba a toda la sociedad y ocupaba las primeras planas de los medios de comunicación.

Poco a poco, esas manifestaciones fueron bajando en número de asistentes y este año bastaba echar un vistazo a la prensa para encontrar unas breves reseñas sin ocupar esas portadas de antaño. ¿A qué se ha debido esta pérdida de influencia?

Son múltiples las causas y voy a enumerar algunas de ellas:

Imagen por cortesía de marcovdz vía  http://photopin.com

Imagen por cortesía de marcovdz vía http://photopin.com

 

  • La desconfianza y la desafección de la ciudadanía hacia las instituciones también ha salpicado a los sindicatos, tanto por su falta de transparencia –han hecho públicas sus cuentas por primera vez en 2014, declarando UGT unos beneficios de 1,65 millones de €  y CC. OO. unos beneficios de 1,05 millones de €, en 2012, en plena crisis económica– como por sus complejas organizaciones ­–mantienen una doble estructura de uniones territoriales y de federaciones sectoriales, que les han hecho tener unas plantillas sobredimensionadas, teniendo que acudir a los despidos colectivos y a aplicar las indemnizaciones fijadas por la reforma laboral del gobierno Rajoy, aunque la han criticado a bombo y platillo–.
  • La financiación vía subvenciones y prebendas, que durante la transición se estableció como un mecanismo para su fortalecimiento, les hace perder independencia y no centrarse en conectar con los trabajadores, a los que al fin y al cabo ha de deberse, y aumentar su nivel de afiliación.
  • Los desmanes y tropelías cometidos por ellos (veánse los casos de los ERE en Andalucía y los fraudes de la formación de Madrid y Andalucía), además de la destrucción de millones de puestos de trabajo, han incidido en una pérdida constante de afiliación, hecho que ya se había venido manifestando con anterioridad. Según diversas fuentes, la representatividad de los sindicatos en España se sitúa entre el 70-80% de los trabajadores, mientras que la afiliación se sitúa entre el 15-20% del mismo colectivo.
  • La contribución de los sindicatos a esquilmar las Cajas de Ahorro, por su responsabilidad in vigilando, dada su presencia en los Consejos de Administración de estas entidades, por su silencio ante la sobrecarga de riesgos que ponían en peligro la supervivencia de las mismas.
  • La ausencia de líderes que conecten con el sentir del siglo XXI y que se perpetúan al frente de los mismos, ya que, por ejemplo, en los sindicatos más representativos, Cándido Méndez lleva al frente de UGT 20 años, tras los 18 que estuvo Nicolás Redondo y sólo en 2013 se ha limitado a 12 años el tiempo máximo de permanencia. Mientras, en CC. OO., Marcelino Camacho estuvo al frente 11 años; Antonio Gutiérrez, otros 11; José María Fidalgo estuvo 8 años y, por último, Ignacio Fernández Toxo lleva 6.

El fuerte sustrato ideológico que aún conservan es percibido con bastante escepticismo por una gran parte de la población, que considera que la sociedad ya no es la misma que cuando surgieron como respuesta a las condiciones de trabajo abusivas de la revolución industrial en el siglo XIX. Deberían, siguiendo el modelo de los sindicatos nórdicos, virar hacia un mayor pragmatismo que les acerque a la modernidad y dejar de tener la confrontación como leit motiv. De ese modo, mediante la colaboración, que llevan practicando con éxito desde hace algunos años los sindicatos en el sector de la automoción, podrían llevarles a hacer realidad lo que los sindicatos alemanes consiguieron desde mediados del siglo XX, es decir, la cogestión empresarial. Los sindicatos son necesarios pero necesitan acometer un cambio y adoptar modelos y métodos más acordes con los tiempos que vivimos.

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Acerca de Miguel Ángel Ortiz Martínez

Graduado Social Diplomado. Máster en Dirección y Gestión de Recursos Humanos. Desde siempre me ha gustado escribir y asumo este reto con la ilusión de poder colaborar en la divulgación de aspectos de la gestión de personas, porque sin ellas no existiría ninguna empresa . Tengo la confianza de que podré satisfacer estas expectativas y, sobre todo, las vuestras.
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2 respuestas a Como las cosas son como son, las cosas no pueden quedarse como están

  1. Aunque los sindicatos fueron y son necesarios, sin duda alguna, necesitan una completa renovación para adaptarse a los nuevos tiempos y ganarse de nuevo la confianza de la ciudadanía.
    Muy buena reflexión. Felicidades!

  2. César Riquer dijo:

    Creo que es un estupendo ejercicio de síntesis.
    Has expresado de forma concisa y estructurada el “porqué” de algunos cambios que precisan acometer “nuestros” sindicatos, lo antes posible …
    Desde luego, se agradece la reflexión que has elaborado.
    ! Gracias !

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